Si aguantamos cincuenta y tres grados de sensación térmica, fábricas derruidas y a un fotógrafo loco… esta boda va a ser un éxito!. Algo así debieron pensar Silvia y Jesús cuando un sábado de mediados de junio se nos vino un agosto sahariano. Y algo así ocurrió. Dos protagonistas en la parte trasera de un windsor de los cuarenta se miraban al más puro estilo del cine mudo.  Canciones, flores, tunos y no tan tunos,
gominolas, sonrisas y vasos de tubo…
Un baile, dos y tres, de la mañana a la noche. Mis mejores deseos.