Hinojal es un pequeño pueblo a unos kilómetros al norte de Cáceres, pero a bastantes menos que Bilbao. Y es que Iker y Sara son hijos de la emigración pero nunca han querido perder sus raíces. Muestra de ello es esta preciosa boda. El pasado sábado por la tarde pude asistir a una “boda de pueblo” donde el novio y los invitados fueron a recoger a la novia a su casa… allí, en la puerta, se miraron y del brazo de madrina y padrino partimos por las calles de Hinojal hasta la Iglesia. Cada esquina, cada callejón… era una fiesta… los vecinos aplaudían a la pareja y los vítores y gritos se mezclaban con sonrisas y alguna que otra lágrima. Sara e Iker se casaron al amparo de cánticos regionales que sus familiares y amigos llevaban meses preparado para la ocasión. Vascos y extremeños, vascomeños y extrevascos, todos juntos nos fuimos al Palacio de los Arenales a celebrar la unión (más si cabe…) de Sara y de Iker. Chicos, gracias por haberme permitido vivir esto con vosotros.