Mientras llega Alberto podemos ir a pasear con él por la playa. Podemos comer unas pipas y podemos charlar de la vida, de su vida.
Mientras llega Alberto podemos hacer que se sienta a gusto. Podemos reírnos, tocarnos, abrazarnos. Podemos reírle, tocarle, abrazarle.
Mientras llega Alberto podemos ser felices, así le será más fácil y ameno el viaje.

Cuando llegue Alberto se lo contaremos todo, se lo susurramos muy bajito al oído.
Cuando llegue, lo apretaré contra mi pecho y le diré que siempre ha estado en mi, en nosotros.
Cuando llegue…, cuando llegue volveremos a pasear por esta playa, volveremos a mirarnos en sus ojos y esperaremos a que cambie la marea mientras recordamos que somos un grano de arena en una inmensa playa de Huelva.

Recordaré que siempre hay un día de diciembre en el que el sol pinta de naranjas los azules y el mar del sur es un inmenso espejo cargado de luz y de vida.

Para Gloria, de tu amigo el cazador de instantes.