Si los salpicaderos de los coches pudiesen contar historias… sería fácil que las mejores películas de amor, que los mejores guiones, saliesen de las conversaciones a manos de un volante. La historia que hoy os quiero contar es una historia de amor y de motor.  Pau debió ser uno de esos niños que se manchaban con la grasa de los motores cuando aún no balbuceaba varias palabras seguidas. Me imagino que conocería cada marca, cada modelo, cada cilindrada mejor que el padre nuestro o las tablas de multiplicar. Su destino, un buen taller como no podría ser de otra manera. Ángela es romántica y alegre, y gracias a ella podré cumplir mi sueño de ser fotógrafo de bodas en uno de los lugares más hermosos del planeta: La Vera, al norte de la provincia de Cáceres. La tierra de esta pareja es un paraíso de vegetación y gargantas cargadas de aguas heladas que bajan desde la sierra de Gredos. La otra tarde tuvimos nuestro segundo encuentro. La preboda fue un rugir de motores de diferentes máquinas alucinantes para después caminar entre las piedras y los árboles.
Solo puedo desearos millones de kilómetros de felicidad. Buen viaje!

Para aquellos que nacisteis rondado el 80 vais a ver un golf en su versión cabrio que es el clásico de nuestra generación. Genial.