Tenemos un lugar desde donde se ve el mar. Pero no es un mar común, no es un mar muy normal. Sus puestas de sol, su calma y la brisa invita a pensar, te hacen sentir que a tus pies se encuentra el mar. La mayor parte del año es un mar color amarillo, marrones tostados y canela… con salpicaduras oliva.  Y sólo la primavera le convierte en verde manto. En la orilla, la ladera, una pequeña villa coronándose un castillo, ruinas de otro tiempo para el oficio de contemplar… nuestro mar amarillo, nuestra gazzala con mar.

Esta descripción «a mi manera» de Magacela y de lo que se siente, o lo que yo siento al subir allá arriba, junto con unas fotos de postboda son para Maite y a Rubén, una pareja que sólo me ha dado cosas buenas por todos lados… una de tantas: llevarme a Magacela, pasear por sus callejas y hasta beber del pilón!
De nuevo os muestro la postboda antes de la boda, es para abrir «boda», digo boca!