A veces atravieso lugares de una belleza extraordinara, parajes urbanos, paisajes lejanos… pero cuando vuelvo a casa y tropiezo con mis encinas me sorprendo y resorprendo de la capacidad de enamorar que puede tener este entorno. Con el sol vertical, nublado, atardeciendo, amaneciendo o anocheciendo… la dehesa permanece así, ahí. Isabel y Juan son dehesa. Y son de aquí, son así.

De dehesas

Tierras duras de granito, peñas y terruño,
dejanos respirar un poco más tu verde primavera,
antes de preciosos amarillos y temperatura extrema,
que solo apacigua el agua y el silencio nocturno.

Tierras de pastos, riachuelos y montes,
arropa y guarece al amparo de la encina,
la tormenta que en la nube gris hace cortina,
y da fondo y forma a tu horizonte.

Para Isabel y Juan.