Soy un chico de provincias. Cuando llegué la primera vez a Atocha allá por el noventa y algo, y vi la magnitud de tal estación de tren, se me quedó la cara de Paco Martínez Soria cuando venía del pueblo con las gallinas bajo el brazo. Y no lo digo yo, me lo contaron mis compañeros de estudios… es que soy fácilmente impresionable, la verdad. Todo este rollo viene a cuento de que Bárbara y Víctor se casaron en un Hotel cuya terraza se sitúa en una décimo tercera planta de un edificio de Madrid. El ascensor es de esos de cristal, de los que parece llevarte volando… y, no me cabe la menor duda de que mi cara fue como la de Atocha.
Esta profesión me está permitiendo impresionarme, sorprenderme y sobre todo admirarme… Conocí en la Suite de la planta 12 a una persona que me dijo algo que creo que no olvidaré. Llevaba 20 años con su marido y nos confesó que el secreto del éxito era que nunca había dejado de admirarle… Vendrán arrugas, calvicies, michelines, y un largo largo etcétera de desgastes, pero no podéis perderos la admiración. Fue una de esas cosas que se te quedan ahí, grabadas, cinceladas. Y eso es lo que yo os deseo chicos, que no dejéis de admiraros, de quereros, de cuidaros. Gracias por todo Bárbara, gracias por todo Víctor.