Cada año, con la llegada del otoño, comienza una etapa diferente como fotógrafo… y es que, por suerte, cada vez son más las familias que quieren confiarme algo tan importante como es guardar sus recuerdos en momentos muy importantes para ellos. En esta ocasión, esta preciosa familia me abrió las puertas de su casa para llenarles el salón de agua, jabón y patitos de goma… y, bueno… la ternura, el cariño y otras mil cualidades quedan patentes en cada imagen.

Agradecer como siempre a los padres que me permiten mostrar sus vidas y sus bienes más preciados en estas páginas. Gracias de verdad, sé de sobra la confianza que me demostráis.

Gracias.