Qué difícil se hace conocer a gente en tu profesión y que una vez que terminas tu trabajo tardes meses en volver a verlas. Es una sensación típica de un fotógrafo de bodas. Es la sensación que vivo con mis amigos los Sonia Cacho y Jaime y Marina Perona. Vas, te reunes con ellos con el fin de preparar una boda y te metes en sus cocinas, en sus fogones. Te vuelves uno más, y así te tratan y así te quieren… como uno más. Ellos son así, para tí y para mí. Pero ser fotógrafo de bodas tiene estos pros de conocer y estos contras de separse… y, además, la posibilidad de viajar para seguir haciendo bodas cerca de las antiguas parejas.  Espero veros muy muy pronto en Cáceres, en Ciudad Real o en cualquier sitio, al final, eso será lo de menos.
Necesito agradecer desde lo más sincero las fotos que me han brindado los niños de estas familias. Creo que si todos estuviéramos sin esos prejuicios que nos llevan a hacernos mayores, seríamos bastante más felices… para vosotros también, pequeños por fuera, gigantes por dentro.