Esta mañana he recibido una llamada. Después de charlarnos las vidas un rato hemos acabado hablado, por suerte, de la fotografía de bodas… Y desde el otro lado del teléfono me han lanzado un halago que he recogido sin guantes, al desnudo. Lo he querido para mí, para qué negarlo. Me decían que mis fotos transmiten cariño… Tampoco negaré que cuando estoy detrás de mi cámara es quizás lo que busco de forma inconsciente en los ojos de la gente.
La boda que os traigo hoy fue un verdadero recital de cariño. Un vendaval de sentimientos que soplaban arrancando lágrimas y sonrisas sin parar.  Qué difícil me resulta describir el amor con la delgada línea que separa el empacho de la belleza. Por eso mejor callado, haciendo fotos, viviendo el momento, amando el momento.
Para Vanesa y para Gonzalo, con todo el cariño posible.