Las diferencias no nos separan. Las diferencias nos acercan, y mucho además. Desde pequeño, al estudiar los cinco sentidos del ser humano ya me pareció muy llamativo el hecho de que las personas que, por lo que sea, tienen algún tipo de deficiencia en uno de ellos, desarrollan con más potencial los demás. En la boda de Maite y Jose lo pude comprobar de primera mano y en primera fila. Si no fuera porque lo estoy explicando, estoy convencido de que nadie sabría que Maite y Jose son personas sordas. Pero el mundo ha tenido la suerte de que ellos sean sordos. Si, si. Los colectivos de las personas sordas no serían lo mismo sin revolucionarios como Jose y Maite… Son una pareja especial que dedica toda su energía a hacer de este sitio algo mejor. Y por eso y por muchas cosas más vivimos una boda tan tan especial, en un sitio no menos especial.
Uno no se considera verdaderamente Extremeño hasta que no visita la Vera. Tierra de hombres y mujeres curtidos al sol recolectando hojas del más puro tabaco. Bosques que te atrapan en carreteras sinuosas hacia un paraíso lleno de verdes de todas las tonalidades posibles. Agua limpia que alisa los cantos y desfila las montañas desde la altitud.
Jamás olvidaré cómo aplauden las personas sordas. Gracias por darme tanto. Va por ustedes.