Sabíamos que llovería. Después de varias semanas sin parar de caer, teníamos que conocer a la preciosa Córdoba completamente mojada. Y nos preparamos para la ocasión. Dos paraguas transparentes nos cubrirían y a la vez nos permitirían no perder detalle de los mágicos lugares por donde pasearíamos. Un par de rotuladores para personalizar los paraguas con las palabras que evocan una boda cercana fueron suficiente para hacernos reír y presentir una tarde única. Ana y Joaquín se conocieron aquí, en Córdoba. Por estas calles se agarraron las manos por primera vez. En alguno de estos portales se encontraron sus labios por primera vez. No es para menos que amen profundamente cada rincón. Y así me lo dejaron ver. Y si llueve, que llueva… La lluvia nunca borra las risas, en todo caso esboza una sonrisa. Gracias Ana por empeñarte en mi fotografía y a tí Joaquín por animar a que todo sea así. Estamos juntos en esto.